Por Oscar Bissio *

Pareciera que no los une el amor sino el espanto. Hay en los dirigentes radicales de Bolívar una aviesa mirada al escenario político que le quedó a su partido después de la histórica derrota de octubre. No hay debate interno por estas horas. Sólo unos incoherentes soliloquios desatados en los medios locales por dirigentes que aún no han asumido la caída. Ese es el primer error. No comprender la realidad y desconocer que cambiaron de vereda. Aún no se cambiaron el traje de oficialistas a opositores.

Entre ellos, emergen dirigentes de otrora con ansias de regreso y renovación, por caso, el ex intendente Alfredo Eulogio Carretero, dispuesto a volver al ruedo donde brilló entonces.

Su peso específico, su prestigio y su honorabilidad serán difíciles de enfrentar si decide ir a internas.

Habrá que ver cuál es la génesis del Ateneo Arturo Illia que lanzó durante el mes de enero. 

Es que aún en el longus exilio autoimpuesto tras una gestión histórica, siguió y sigue representando naturalmente al radical nato y puro bolivarense. 

El mismo que desde la base no comprende el mejunje ideológico que encabezaron algunos de sus correligionarios en los últimos años. Léase el coqueteo sin consumación del acto de parte del simonismo con el kirchnerismo y poco antes con el lopezmurphysmo. Y enseguida la empírica alianza del errequismo con los autoconvocados y los sectores más recalcitrantemente conservadores de la sociedad.

Mejunje repleto de ingredientes dudosos ideológicamente que conformaron un panorama desolador para ese noble afiliado que lleva orgulloso en su corazón -a pluma y martillo- el escudo radical.

En ese marco, el radicalismo de Bolívar – el reciente- aún sigue sumido en la perplejidad. Y el trabajo de reconstrucción prometido por sus últimos líderes está lejos de ponerse en marcha. Y ante una gestión municipal que también promete ser histórica y que llegará a 2013 con un envión difícil de detener, el sueño del 2013 y del 2015 se desvanece en los corros del centenario partido.

La perplejidad es como el duelo; debe concluir en algún momento. Pero nadie parece tener reacción dentro de las huestes del radicalismo reciente. Ahí cobrará impulso el alfredismo?. Y en ese caso, está descartada la posible amistad de Carretero con el errequismo -dicha por lo bajo- para hacerle frente a Simón en la próxima interna?.

Y habrá neosimonismo en el futuro político de Bolívar?. La clave está en saber que quedó del ejército obediente que supo formar en su apogeo que magnificó su gestión, pero que lo indultó sistemáticamente ante los desaciertos más groseros. Esa clave tiene además un fundamento escondido recónditamente: la clara preferencia personal de Simón por el campo ejecutivo y su opinión peyorativa por la actividad legislativa. Nunca se sintió ni se sentirá a gusto como senador o diputado por más que las vicisitudes de la vida política lo hayan instalado en ese sitio.

En un análisis minucioso, Bucca terminó con la hegemonía simonista, porque esa es la gran victoria del actual intendente y no haber doblegado a José Gabriel Erreca electoralmente. Terminó con un proceso que circunstancialmente lo dejó al escribano como cara visible. Así lo verá la historia.

Así conformado el escenario, endeble por cierto, sobreviven Erreca y Simón, divididos casi sin retorno. Emerge la figura de Carretero padre, y como ramos tiernos pululan los jóvenes ex funcionarios de la administración municipal anterior que buscan su lugar dentro de la vida política partidaria. 

Absolutamente todos, deberán seguir su búsqueda digna, sin la soberbia ciega que los hundió en las últimas elecciones. Ese afiliado que lleva orgulloso en su corazón -a pluma y martillo- hinchiendo el pecho el escudo radical, se lo merece.

* Periodista bolivarense. Colaborador especial de Edición Séptima.