Las inundaciones de la provincia de Buenos Aires no sólo modificaron el paisaje productivo bonaerense, sino también la vida cotidiana de cientos de chicos que concurren a las escuelas rurales en los distritos más complicados por el agua, algunas de las cuales llevan más de un mes sin clases.

De acuerdo a un informe de la Oficina de Riesgo Agropecuario (ORA) del Ministerio de Agroindustria de la Nación, el exceso hídrico mantiene en vilo a casi la totalidad del territorio provincial, y mientras las esperanzas del campo se desvanecen con las lluvias de septiembre, el drama del agua tiene su correlato en las dificultades para acceder a los establecimientos educativos, según publicó hoy Diario Extra.

La odisea comienza cada mañana: para transitar por los caminos rurales (la provincia tiene unos 15 mil kilómetros afectados por el agua) ya no bastan autos, camionetas ni combis escolares; en algunos municipios, a los colegios a los que todavía se puede llegar, se accede sólo en tractores o camiones del ejército. Y cuando el anegamiento es total, en los mejores casos, los alumnos asisten a establecimientos alternativos en los cascos urbanos o a casas en estancias que se prestan para esos fines.

Ese es el caso de unos quince chicos que concurren a la Escuela Nº 18 y al Jardín de Infantes Rural de Matrícula Reducida (Jirim) en el paraje Colonia Viña, en Rivadavia, uno de los partidos más castigados por las inundaciones. “Como hay un canal que no deja acceder al establecimiento, el dueño de un tambo prestó una casa que reacondicionamos como escuela y los chicos están yendo ahí”, contó a DIB la consejera escolar de Rivadavia, Silvina Melloni, responsable de la comisión de Infraestructura Escolar.

Si bien todas las escuelas rurales de Rivadavia tuvieron que suspender las clases por el agua en distintos momentos del año, la mayor interrupción se dio en la Escuela Nº 11 en la localidad de Villa Sena, donde unos 50 chicos no pudieron asistir a clases por un mes, debido al corte total de un camino que fue reparado por el Municipio cuando bajó un poco el agua.

Para esos casos, el Gobierno provincial creó en 2014 un plan de contingencia educativa, que consiste en un manual con actividades para que los alumnos no pierdan continuidad pedagógica. “El material es impreso y se va adaptando año a año de acuerdo a las distintas realidades”, explicó a DIB la directora de Inclusión e Igualdad Educativa, María Laura Viscardi. “También contempla el regreso a la escuela. Hay que tener en cuenta que más allá de los problemas de acceso, la educación rural tiene sus particularidades. Son pequeñas comunidades, como las matrículas son bajas, los chicos de distintos años comparten aula y en muchos casos hay una sola maestra”, agregó la funcionaria.

En la práctica, las estrategias que se despliegan también son varias. Desde el envío de contenido, preguntas y respuestas por WhatsApp –cuando hay Internet en los campos– hasta las clases por Skype. Este último caso se dio en mayo pasado en General Villegas, cuando dos profesoras de la Escuela Secundaria Nº 3 de Coronel Charlone recurrieron a esa herramienta al no poder llegar al establecimiento.

La suspensión de las clases es moneda corriente también en las doce escuelas de campo de Guaminí, donde no sólo hay problemas en el sector rural sino también en Bonifacio, localidad que ya tiene el agua en el hospital y en el cementerio. En ese distrito, un camión del ejército de Pigüé sirvió por algún tiempo para alcanzar a alumnos y maestras, pero luego ya no pudo cumplir con esa tarea. “Se pidieron camiones anfibios a la Provincia, pero la realidad es que no se puede llegar ni con tractores”, dijo a esta agencia la presidenta del Consejo Escolar local, Valeria Echegaray, quien aseguró que algunas escuelas ya suman más de 30 días sin clases.

 

Fuente: dib.com.ar (DIB)