Por Oscar Bissio (*)

El acontecimiento, reserva un relieve histórico singular. Por su importancia cultural; y como novedad en el contexto de una sociedad que lucha por su identidad definitiva.

La muestra de cine en Bolívar es más que un acontecimiento de la coyuntura y más que un simple punto de la agenda cultural de un gobierno. Al menos, así debería de considerarse.

Significa estar frente a una gran oportunidad; la de concretar en los hechos la promesa de un cambio de paradigma en el ser y en el hacer de esta comunidad.

Dejar de lado el facilismo de gritar que Bolívar es sólo un bastión agrícola ganadero y comenzar a prestar atención a otras inquietudes latentes y en ciernes que buscan espacio y que -canalizadas- efectuarán un aporte exponencial a esa búsqueda de identidad definitiva.

Los pueblos que no le prestan atención a la cultura, retroceden. Desde este precepto, es intención imprimirle el valor especifico a esta muestra.

Bolívar, a través de los últimos gobiernos, ha intentado bucear el terreno de la cultura, con aciertos y errores, pero nunca logró una dirección clara. Un rumbo que mida el grado de identidad y de pertenencia.

Más cultura, es más identidad. Y más identidad, es qué y quien es; y hacia donde va una sociedad.

No es una crítica abierta a las gestiones anteriores. A veces, sucede que las decisiones generales de los gobernantes son enemigas de las intenciones de los directores de área. Porque la sensibilidad entre uno y otro, difiere demasiado. Es un viejo diagnóstico; un silogismo, cuya último argumento, deviene en frustración cuando de gestiones culturales se ha tratado.

Cultura se define como el conjunto de manifestaciones en que se expresa la vida tradicional de un pueblo. Su característica; su impronta. Y estas manifestaciones en áreas generales como el arte, el deporte, las costumbres en general, hacen la razón de ser de la cultura.

El problema es cuando esta se encierra en un solo sitio, se sectariza.

Cuando los comportamientos sociales se circunscriben a una realidad meramente materialista o al ícono del momento económico. A la moda pasajera; a un pseudo-valor.

El problema es cuando la cultura se cierra en la reprochable actitud de limitarse a utilizar programas provinciales y nacionales que no nos representan, que terminan en el dictado de simples talleres que llenan los vacíos de la coyuntura; más no los de fondo.

Bolívar tiene la oportunidad de despertar con la muestra de cine; y con la inminente reapertura del cine.

Es la mejor inversión, tal como lo fue el CRUB, el logro más plausible de la gestión Simón.

Bolívar, con la muestra de cine, demostrará que puede ampliar su horizonte estratégico en materia de identidad. De su búsqueda definitiva.

Aún siendo un pueblo maravilloso, carece de la misma.

Así como en la gestión general un gobierno pretende el ansiado despegue industrial; la promoción de las microempresas como sustento de las mayoritarias clases medias y el proceso productivo en marcha, también debe llenarse el vacío cultural, lo que antropológicamente viene a situar en vanguardia la esencia misma de la existencia.

La muestra inmediatamente; y la reapertura del cine más adelante, se consituyen en la forma más noble de pedirle perdón a las generaciones que no llevan incorporada la costumbre de ir al cine porque no tuvieron la oportunidad.

Para estas generaciones, ir al cine, fue y es parte de un paseo o una vacación. No una cultura incorporada.

Imprímasele entonces el relieve histórico que cobrará la primera muestra de cine y que se aproveche como un interesante e inmejorable punto de partida.

(*) Periodista bolivarense, colaborador especial de Edición Séptima.