Por Oscar Bissio (*)

La ausencia del intendente Bucca en el palco de la Sociedad Rural en oportunidad de inaugurarse la muestra anual ha generado posicionamientos diversos.

No es un hecho aislado. La silla vacía reservada a Bali tiene un significado. Se transforma en una respuesta. En una actitud de sinceramiento de parte del jefe comunal para con la cúpula dirigencial ruralista. Más no para todo el sector del campo. No es prudente generalizar y sería oportuno que este aserto quede clarísimo.

Para los desprevenidos de siempre hay que decir que no hay sorpresa en lo que para algunos ha sido una bravata del intendente. Y sí, hay un maremágnum de argumentos detrás de tal ausencia. Y no son nuevos. Datan del 2008 y se extienden hasta nuestros días.

No hay sorpresa ni siquiera en los organizadores de la expo. Ellos sabían que Bucca no asistiría al día D de la muestra, pero igualmente jugaron con su estratagema en los medios afines al coaccionar sobre tal posibilidad, aún a sabiendas de que era un hecho imposible de concretarse.

No es un juicio. Los ruralistas están en su derecho, así como el intendente está en el suyo.

Pero Bolívar debe comprender que las realidades cambiaron. Que se viven nuevos tiempos políticos y que lo que otrora fue indiscutible casi religiosamente, hoy puede debatirse y cuestionarse.

No es hora de juegos perversos, ni de uno ni de otro. Esas realidades advierten las señales de una sociedad que observa el accionar de unos y otros. Y hay que ser claro y lúcido a la hora de situar cada cosa en su lugar y a cada quien en su genuino papel.

La reacción primigénea refleja que a Bolívar no le satisfizo el «desplante» del intendente para con una de las fiestas más grandes del pueblo. Es comprensible el pensamiento. Pero en ese punto habita el cambio. Y se origina el debate.

Hasta dónde se puede hablar de desplante o desprecio hacia la tradicional fiesta de los bolivarenses?. La pregunta a hacerse es si existe la obligación de concurrencia y determinar qué representa tal acontecimiento.

Desde tiempos inmemoriales la expo rural representó al conservadurismo bolivarense. Y no es un cuestionamiento a tal representatividad. Ser conservador es una forma, una manera de respirar y andar por la vida que quienes la profesan y la adoptan no tendrían por qué sentirse objetados. Sólo deberían de asumirlo.

Lo mismo desde el flanco del nuevo gobierno bolivarense. La idea de un cambio de molde o de prototipo en la manera de encarar la vida. El tema es asumir de una vez por todas esta realidad. Y también de terminar con las chicanas en este momento preocupante que vive Bolívar a raíz del problema de las inundaciones.

Los ultra defensores del modelo oficialista que pululan por nuestra aldea deben sacarse y poner en remojo el traje de iluminados y subirse definitivamente al carro de los cambios con inteligencia. No con resentimiento.

Comprender que los nuevos tiempos políticos ofrecen la posibilidad de conquistar terrenos insospechados tiempo atrás y la de sacarse la venda que ponían en sus ojos los sectores más reaccionarios impulsados por administraciones municipales anteriores.

Hay que admitir que Bolívar atraviesa un momento complicado a raíz del agua y hay que lograr la sinergia que la coyuntura pide a gritos. Y quienes son blanco directo de este flagelo deben entender también que hay otra sociedad que no pertenece al campo, ni vive del campo, lugar común y trillado si los hay. Y mostrar un poco más de solidaridad para con esa franja social que los mira de reojo porque detecta altas dosis de egoísmo e indiferencia cuando las cuestiones económicas los favorecen.

Pero no caigamos en la inocentada de creer que la antinomia Bucca-Sociedad Rural, se terminará con una mera expresión de deseos.

Por el contrario, se va a agudizar con la cercanía de las elecciones. Y aquí un detalle: los opositores al oficialismo entienden que es éste el que propicia tal antinomia. Y viceversa. Muy lamentable realidad porque a nada conduce.

La silla vacía reservada a Bali tiene un significado. Y la dirigencia ruralista lo sabe. Es una réplica al escrache sufrido por el padre del intendente, José Antonio Bucca, en el 2008 cuando se discutía la 125; influye la inentendible negativa de la entidad a que el hermano del intendente, el cineasta Pablo Bucca filmase parte de su ópera prima en las instalaciones ruralistas y más acá en el tiempo es interpretar que la Sociedad Rural lo chicaneó al pedir la emergencia y el desastre en estos días, cuando tal solicitud ya estaba gestionada desde la Municipalidad desde el 31 de mayo.

También es la impotencia ante el reiterado y caprichoso pedido de que se haga «algo» desde el Gobierno cuando se sabe que desde el municipio se trabaja incansablemente con asistencia y medidas contra la coyuntura hídrica.

Por eso Bucca dijo ayer: ««Se tienen que acostumbrar que hay un intendente que no va a ser hipócrita».

Y por eso dijo el presidente rualista Fernando Alzueta: ««Esperamos que el próximo domingo el intendente pueda estar presente».

Lo dijo con respeto y haciendo hincapie en las garantías ante un presunto maltrato de la gente hacia la figura municipal. Eso es bueno. Pero quizá imnecesario si se tiene en cuenta que no toda la concurrencia habitualmente masiva a tal fiesta habría de embestir contra un intendente que ganó con un alto caudal de votos.

Pero las heridas del pasado y del presente no se han cerrado; ni se cerrarán. Así, como en una novela dramática con final abierto.

(*) Periodista bolivarense, colaborador especial de Edición Séptima.