Por Oscar Bissio (*)

 Este martes se cumple un año del día en que el radicalismo comenzó a despedirse de la Intendencia tras 16 años. Las elecciones primarias no vinculantes de aquel 14 de agosto, le tenían reservado a Eduardo Bali Bucca un sitio de privilegio y de vanguardia en el anaquel político de Bolívar.

El paso del tiempo ya permite observar aquel día como histórico, para unos y para otros, por la gran diferencia de votos entre los candidatos que iban a luchar en el octubre siguiente por conducir la Municipalidad. Y en el que el candidato del Frente para la Victoria iba a ser ungido intendente.

El marco histórico encierra detalles que ese mismo paso del tiempo parece querer sepultar. El tenor de la campaña, por caso. Basada en el extenuante trajinar de los candidatos, la virulencia de los fanáticos de turno, la aparición fenomenal de las redes sociales como herramienta de expresión, y finalmente, las promesas de unos y de otros. Y un bonus track: el sospechoso silencio de los medios de comunicación que no supieron o no quisieron reflejar las voces de la calle, ni las denuncias formales en relación a probables hechos de corrupción en las dos administraciones municipales anteriores.

No habrá registro de la historia vernácula desde lo mediático institucional. Sólo la memoria activará aquellas presunciones de corruptela.

Algo hay en la Justicia, pero parece estancado.

Parecía la de agosto una elección polarizada. Por la inercia que traía consigo el radicalismo tras sus victorias en las últimas cuatro elecciones generales. Parecía una utopía. Una quimera del actual intendente y un par de amigos entrañables que lo acompañaron en su sueño político.

Y ese entusiasmo sumado a un poder de convicción interior se combinaron con el desgaste y las sospechas que recaían sobre las gestiones de Juan Carlos Simón y José Gabriel Erreca.

Estos factores, más las mecánicas y estrategias de campaña utilizadas por uno y otro, y el plus del momento político del país y la provincia, fueron pilares de aquel resultado y la posterior ratificación del 23 de octubre.

Eran dos candidatos fuertes y potables, Bali y José Gabriel. Y esa realidad, finalmente, se espejó en los comicios definitivos. Ambos lograron una performance impresionante.

Erreca quería su propio período y no el heredado por las circunstancias electorales. Aquel brulote, aquella pesada herencia del simonismo le sumó para la derrota.

El haber sido el factótum de Simón, el no haberse despegado en los tiempos y en las formas que la ciudadanía le requería le significaron el fracaso electoral. Y su pésimo grupo de asesores.

Enfrente, se erguía la figura de un líder incipiente que -a la postre- terminó torciéndole el brazo a las tres figuras políticas más renombradas de los últimos años: primero, en la vida doméstica del peronismo local a Isidoro Laso: Después a José Gabriel Erreca. Y en otro contexto a Juan Carlos Simón como padre del modelo de los últimos gobiernos municipales.

Así como en esta columna jamás se juzgó la gestión de Erreca por haber sido demasiado breve, tampoco es viable un juicio sobre el nuevo gobierno. Pero hay tendencias.

En lo institucional la carpeta oficial deja vislumbrar numerosas prioridades que antes descansaban en los cajones del municipio y en la ilusión de algún desprevenido. Y las prioridades parecen basarse en el déficit habitacional; en la Salud y en formulación de un ambicioso plan para permitir el tan ansiado despegue industrial. Sobre los tres puntos, ya existen hechos concretos que direccionan el rumbo de la gestión.

En lo político, la cuestión parece ser más compleja.

El intendente, deberá lidiar con el lasismo que querrá ir por más en el 2013 y observar que sucede con la oposición que próximamente vivirá sus internas. Pero esencialmente, terminar de darle forma a su propio espacio político de cara a los compromisos electorales venideros. En ese espacio, deberá gozar de la extrema confianza de su mesa chica y también la ampliada, de sus técnicos de la administración y de sus operadores que actúan fuera de la gestión en sí, e ir con sus propios representantes a las entidades intermedias. Lo de la Cooperativa Eléctrica, es un buen comienzo.

En términos generales, hay un primer parcial aprobado. El de haber asentado la gobernabilidad tras las sorpresas desagradables que dejó la gestión anterior. Ahora, viene el tiempo de los hechos concretos y de los rumbos definidos.ç

(*) Periodista bolivarense, colaborador especial de Edición Séptima.