Autoridades de gobierno, ministros de Estado, senadores y diputados, líderes de la oposición, el presidente actual y los anteriores, artistas, amigos íntimos acumulados en décadas, gente común que no lo conocía personalmente, los carnavaleros, todos, se reunieron entre ayer y esta mañana para despedir a Carlos Páez Vilaró.
El velatorio del creador de Casapueblo había comenzado ayer en la Asociación General de Autores del Uruguay (AGADU) y esta mañana el cortejo partió hacia el Palacio Legislativo para un homenaje de Estado. Pero antes, hizo una parada en un punto emblemático de la ciudad: al 1080 de la calle Cuareim, donde estaba el conventillo Medio Mundo.
Ahí fue donde en los años cincuenta, el «Cacique» Juan Angel Silva, le dio hospedaje para que pintara los primeros cuadros sobre negros y lubolos candomberos.
Allí estaban las lonjas de la comparsa «C1080», heredera de aquella «Morenada», con la que Carlitos desfiló hace pocos días por los barrios Sur y Palermo.
Tras esa parada a puro ritmo de candombe, el cortejo siguió hasta la sede del Poder Legislativo.
Páez Vilaró murió ayer por la mañana mientras conversaba con su médico, al que había llamado porque sentía un dolor en el pecho. Estaba ahí, frente a la bahía, donde había disfrutado de miles de puestas del sol, al que despedía cada jornada con una poesía en su homenaje.
Pasado el mediodía, el cortejo seguirá camino hacia el panteón de los autores el Uruguay (Agadu) donde se hará el sepelio en el Cementerio del Norte.