El proyecto surgió a partir de los problemas que causaban los residuos sólidos urbanos cuya disposición final es en basureros a cielo abierto.

El ejecutivo municipal desarrolló un modelo participativo, en el cual la comunidad es el puntal del proyecto a través de la selección en origen.

Los residuos se dividen en «orgánicos», «Reciclables» y «Patogénicos». Los primeros incluye restos de comida, yerba, pasto, papeles pequeños y mojados. Estos elementos son triturados para homogeneizar los diferentes tamaños, luego, se acondicionan en una cama de compostaje y tras 45 días se trasladan a los camellones de lombricultura junto con las lombrices rojas californianas que se alimentan de estos residuos. Al excretarlos, forman tierra fértil que se comercializa como «abono orgánico», mientras que el residuo producido en la misma es llevado a una planta depuradora.

Por otro lado, los «reciclables» son las latas, envases de vidrio, plásticos, papel, carton, trapos y demás elementos inertes. Para su tratamiento, en primer lugar, hay que separar los residuos según material que lo componga. El vidrio se reclasifica en botellas de sidra y mezcla. Las latas de aluminio se separan de las de hojalata y se prensan. Con los envases de plástico sucede lo mismo. Así se logra recuperar las fracciones inorgánicas para luego ser comercializado en las industrias recicladoras.

Por último, los «Patogénicos», es decir pañales, algodones, vendas, jeringas, agujas, son incineradas en hornos pirolítico y las cenizas obtenidas son tratadas de la misma manera que las pilas.