En medio del campo bonaerense y lejos de la ciudad, La estancia Santa Catalina, en Bolívar, ofrece una estadía diferente e inolvidable. Este lugar en el que se respira tranquilidad, se saborean platos criollos y se escuchan historias de inmigrantes que llegaron a estas tierras y se enamoraron de la vida rural. Su caracteristica tranquilidad la destaca y es por eso que muchos visitantes la eligen para celebrar importantes acontecimientos.

Combinando la inmensidad pampeana, la tranquilidad y la calidez de sus anfitriones en la estancia las siestas son religiosas y funcionan como antesala de “la hora del mate”, que se ceba acompañado por las infaltables tortas fritas caseras. Más tarde, se sirven platos típicos camperos como asado, empanadas y locros, entre otras exquisiteces, y en las noches de fogón los cuentos rurales se alimentan del fuego, los mitos y la imaginación.

A pesar de su inquebrantable calma, el aburrimiento no tiene lugar en Santa Catalina. Durante el día, se pueden realizar cabalgatas, avistaje de fauna y flora, demostraciones de actividades criollas y visitas a sitios para pescar.

El nombre de la finca se debe a Catalina Berreterreix, quien llegó desde España a finales del siglo XIX y en 1889 construyó la casona familiar para abocarse a la producción ovina. Desde hace dos décadas, Emilio Posadas adquirió el establecimiento y, según los turistas que se acercan, tiene un incondicional afecto a este lugar.